Las promesas de Dios que son reales y eternas, recordándonos que nuestra confianza debe estar en Él. Basándonos en Filipenses 3:1 (RVR1960), "Por lo demás, hermanos míos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro", recordamos cómo podemos hallar gozo y seguridad al aferrarnos a las promesas que Dios nos ha dado en Su palabra. ¡Aumentemos nuestra oración que es el fundamento en una vida en Cristo!
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